Robotica de Colombia
Nuestra Propuesta de Valor | Robótica de Colombia
Robótica educativa, hecha en Colombia

Un laboratorio que cabe en una mesa.

Lo que llega al salón no viene armado para entretener un rato y luego aburrir. Llega para abrirse, medirse, conectarse mal, corregirse y volver a probarse. Y crece con quien lo usa: del primer brazo de cuatro servos a una celda que produce en cadena.

Se aprende haciendo, y eso no se desarma.
La mesa de trabajo: el brazo robótico, VORLUN en el computador y el material del curso

Un juguete termina en un cajón. Un laboratorio, no.

Se mide, se conecta mal, se corrige y se vuelve a intentar, hasta que la máquina hace lo que alguien pensó. Lo que en otra caja sería «se dañó», en esta mesa es donde de verdad se empieza a aprender.

Estudiante concentrado experimentando con el brazo robótico sobre la mesa
Un ecosistema, no un producto suelto

Crece con quien lo usa

El primer brazo de cuatro servos no es el techo, es la puerta. De ahí se pasa a brazos con más articulaciones, a carros que siguen una línea y leen lo que tienen alrededor, y a una estación donde una banda, un brazo y una cámara trabajan juntos. Es la misma familia, el mismo software y las mismas palabras: lo que se entiende en un robot sirve tal cual en el siguiente. Nadie se queda sin qué preguntar al segundo semestre.

Brazo robótico de cuatro servos
Empezar

El primer brazo

Cuatro articulaciones. Se mueve, se mide y se aprende a ordenar pasos.

Carro robótico con sensores
Subir

Un robot que decide

Un carro que se cablea, sigue una línea y lee lo que tiene enfrente para decidir solo.

Estación con banda transportadora, brazo y sensores
Llegar

Una celda de producción

Banda, brazo, sensores y cámara trabajando juntos, como una fábrica de mesa.

Se arma en veinte minutos. Se aprende durante meses.

Armar no es programar

Armar el robot es el comienzo, no el final

Lo que sale de la caja está por armar, y esa es la idea. Ensamblarlo con las manos es apenas el primer día; después viene lo difícil y lo interesante, que es hacerlo pensar.

Cambiar un valor, cargar de nuevo, ver qué salió mal y por qué. Un juguete se traba cuando algo falla; aquí se cuenta con que falle, porque el error no es el final, es el método.

El estudiante prueba, mide y corrige en VORLUN
El editor de bloques de VORLUN junto al código real que genera
El software es nuestro

El bloque y el código son la misma cosa

Con VORLUN el estudiante cablea el robot en la pantalla, arma la lógica arrastrando bloques en español y lo controla en vivo. Al lado de cada bloque está el código real que ese bloque genera —no una simulación de adorno—: es el mismo código que corre en su robot.

Se ve, se cambia, se rompe y se depura, y así se cruza casi sin darse cuenta de arrastrar bloques a escribir líneas. Cuando se desconecta el cable, el robot sigue haciendo lo suyo cada vez que se enciende.

Un vistazo al laboratorio

La familia completa, y el software que la mueve

Editor de bloques de VORLUNVORLUN · Bloques
Brazo robótico KimoBrazo Kimo
Brazo robótico VexelBrazo Vexel
Carro robótico TurboBotTurboBot
Cableado guiado en VORLUNVORLUN · Cableado
Nadie queda solo frente a la caja

El material lo escribió quien conoce el robot por dentro

Con el robot vienen cursos escritos, guías paso a paso, una biblioteca de programas de ejemplo y una app de Android para manejarlo desde el celular. No son manuales genéricos traducidos.

Los escribió alguien que conoce el robot pieza por pieza, con los pasos que confunden a todo el mundo la primera vez señalados a propósito. Así un salón no se queda mirando la caja preguntándose qué sigue, y un acudiente en la casa tampoco.

Docente y estudiantes trabajando con el robot y la guía en el salón
El taller en Bogotá donde se fabrican y prueban los robots
De principio a fin, aquí

Lo diseñamos, lo fabricamos y lo respondemos nosotros

Los kits se diseñan y se fabrican en un taller en Bogotá; no se importan por catálogo. El software lo escribimos ahí mismo, sobre nuestros propios robots.

Por eso, cuando algo no conecta, del otro lado del WhatsApp responde la misma gente que soldó la placa y programó el bloque, con nombre y no con un número de ticket. Y si una pieza se daña, se vuelve a fabricar donde se hizo la primera: una mesa de trabajo está para usarse fuerte, y eso solo lo aguanta algo pensado para durar y para repararse.

El que contesta el WhatsApp conoce el robot por dentro.

¿Por dónde se empieza?

No hay formulario ni vendedor de por medio. Cuéntenos si es para una casa o para un colegio —qué edad, cuántos estudiantes, qué quiere que aprendan— y le decimos con cuál robot conviene empezar y por qué. Del otro lado responde alguien del taller.

Escribir por WhatsApp

Los robots se diseñan y se fabrican en Bogotá. El software lo escribimos nosotros.